miércoles, 21 de octubre de 2015

Presentación del libro EN DEFENSA DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO de Lidia Margarita Martínez Bofill



 Mensaje de la autora

Familiares y amigos: 

No puedo negarles que estar ausente físicamente en un momento tan deseado como este me entristece, pero saber que ustedes están representándome en la distancia, atenúa ese efecto. Muchos de los  que hoy me acompañan me instaron, algunos me lo exigieron, y otros hasta me comprometieron públicamente a escribir finalmente el libro cuyas ideas centrales bulleron en mi cabeza durante demasiado tiempo.  Ya es una realidad... y desde hace días lo disfruto intensamente.

    Si bien estoy lejos de pensar que es perfecto, la labor de Lina González Madlum, editora; Marta Mosquera Rosell, en el diseño de la colección; Abel Sánchez Medina en diseño y composición;  Zoilo Fernández en la ilustración de la cubierta,  Idalmis Garbey en la corrección, y de María Teresa Fleitas Monnar, por prologarlo con la agudeza que la caracteriza siempre,  han hecho posible que sea un bello libro. Gracias a todos por su profesionalismo. 

    Gracias también a los ejecutivos de la UNEAC, especialmente a Rodulfo Vaillant, su presidente, a Rodolfo Tamayo, director de la editorial Caserón, y a todos los que hicieron posible esta realidad. 

  Que En defensa del patrimonio artístico sea presentado el 20 de Octubre, Día de la Cultura Cubana, en el que se conmemora el 69 aniversario de la desaparición física de José Bofill Cayol,  es algo que también agradeceré siempre. La devoción y la entrega total a la defensa de la cultura cubana y en particular de la santiaguera, fue el centro de la existencia de este santiaguero ejemplar. Él, junto a José Joaquín Tejada y Juan Emilio Hernández Giro, por citar solo a los artistas cuya vida y obra medula y sustancia en esta publicación, son, sin dudas, ejemplos de artistas e intelectuales dedicados hasta el fin de sus días a enaltecer la Cultura Cubana, y al terruño que defendieron apasionadamente. Estamos en la obligación de rendirles este homenaje.

   Por último, quiero agradecer a Reinaldo Cedeño por haber aceptado la petición de presentar mi libro. Ya habíamos trabajado juntos en un proyecto de investigación que reunía a varios artistas de la localidad y lo que él escribió sobre ellos me dejó fascinada, por su sensibilidad, su dominio y por la maestría de su pluma. Me declaré su admiradora desde el primer momento y él, con tanto trabajo siempre, aceptó esta nueva tarea. 

   Estoy hoy junto a ustedes, queridos, no lo duden...mi orgullo de santiaguera, mi corazón de cubana está aquí, más que nunca...

Muchas gracias

Lidia Margarita Martínez Bofill  

 

PALABRAS DE PRESENTACIÓN del libro EN DEFENSA DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO  de Lidia Margarita Martínez Bofill 

POR Reinaldo Cedeño Pineda 

Este es un libro de amor. De amor a Santiago de Cuba, de amor al arte, de amor filial. Y en tal condición, es ya un libro para atesorar, en momento de tanta crisis del espíritu. Es un libro de tesis, por la altura de los argumentos que sostiene, por el ámbito que explora. Es, como dice su prologuista, la doctora María Teresa Fleitas: “un obsequio valioso (…) un fragmento inestimable de ese objetivo supremo que es descifrar e interpretar las claves del comportamiento de las artes plásticas en esta ciudad (…)”. Es más. 

   Lidia Margarita Martínez Bofill fundó en 1983, junto al eminente Francisco Prat Puig y otros profesores no menos valiosos, la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Oriente, y durante una década fue su directora académica. Siempre creí que algo había en ella de la apostura de las pinturas clásicas, de la amalgama de ancestros catalanes, franceses y canarios que forman su vida. Aprovecho para amplificarlo. 

   Licenciada en Letras y especialista en Arte Cubano y del Caribe, aunque se ha presentado como conferencista, crítica, jurado y curadora de exposiciones en la Mayor de las Antillas y más allá; el grueso de su labor está en la docencia, en haber injertado en sus alumnos la devoción, la belleza y la trascendencia del arte, ese que en sus propias palabras “hace volar por encima de todo”.

    Ese sustrato, esa autoridad, ese cosmos, aparece filtrado y acrisolado en este, su primer libro, En defensa del patrimonio artístico (Ediciones Caserón, 2014).  Algunos han afirmado que el siglo diecinueve duró en Santiago de Cuba, 150 años, por el apego a la estética decimonónica en el universo de las artes plásticas, en otras manifestaciones. 

  Uno de los empeños más interesantes del volumen, a mi modo de ver, es el intento por desentrañar la sicología creativa de artistas que se parapetaron, cerraron filas, se aferraron a la figuración, al paisaje rural y urbano, al retrato, a la academia… no por desconocer  las nuevas tendencias, no por desconocer el mundo; sino por convicción. 

   Por eso apunta: “Para los artistas santiagueros, evocar a los héroes, a sus figuras legendarias, tan cercanas aún en el tiempo (...), el entorno que los rodea, la naturaleza que la diferencia del resto del país, la ciudad distinta por su morfología, sigue siendo lo nacional y lo auténtico”. Está hablando de tres maestros de las artes plásticas,  a caballo entre dos siglos: José Joaquín Tejada  Revilla (1867-1943), José Bofill Cayol (1862-1946) y Juan Emilio Hernández Giro (1882-1953).

    La autora nos permite viajar con José Joaquín Tejada, considerado tradicionalmente parte de la trinidad de paisajistas del diecinueve, junto a Armando Menocal y Leopoldo Romañach. Viajes a su formación en Barcelona y Europa, a sus excursiones para tomar apuntes. Por supuesto, hacemos escala en Nueva York, en el encuentro de José Martí con su obra La confronta o Lista de Lotería. Ya se sabe que sacó pasaje a la inmortalidad en aquel célebre artículo publicado en Patria (1894), en el cual El Maestro le califica como “el pintor nuevo de Cuba”. 

   Pero, lejos de reiterar, Lidia Margarita ahonda: en la pedagogía de Tejada que ocupó durante dos décadas  los cargos de profesor y director de la Academia Municipal de Bellas Artes, en su “exhaustividad y efectos de larga duración”; en el absurdo prejuicio, en el intento de menoscabar su alcance, por el hecho de que haber decidido permanecer en su ciudad hasta el último de sus días.

    A Bofill, lo lleva en la sangre. Eso le permite tener a su alcance documentos únicos que provienen del archivo familiar. En esa línea se inscribe una carta que uno de sus alumnos le envía desde París. Se ha leído cierto libro que afirma: “la acuarela no pasa de ser un dibujo coloreado”. El remitente se permite discrepar: “Me reí de esa frase hueca, porque pensé en tus acuarelas”. Está hablando Juan Emilio Hernández Giro. La acuarela será una escuela de larga data en Santiago de Cuba y él, uno de sus precursores. 

   Es, sin embargo, en su labor como primer director del Museo Emilio Bacardí, que la autora halla la nota más alta. Fue una “tarea agónica”, “tarea de gigante” asegura, aquella de cumplir las proféticas palabras de Don Emilio al dejarlo inaugurado: “Cuídese, consérvese y auméntese  por los que aquí vivimos actualmente, y las generaciones venideras, al ver salvado de la destrucción lo que es historia del pasado”. 

   Bofill no escatimó energías para recolectar, mantener, exhibir y promocionar los fondos del museo. Da gusto asomarse a la vida de un hombre cuidadoso y honrado. Duele contrastarlo con hechos lamentables ocurridos en fechas no tan lejanas, en esa propia institución. Lidia Margarita refiere, incluso, que su abuelo acudió en tiempos difíciles a la exhibición de un cocodrilo vivo en el patio del Museo, para aumentar las visitas. De tal magnitud era su compromiso.   

   Aparece la construcción del Callejón que lleva el nombre de Bofill con sus pretorios, faroles, puertas, tejas criollas…, la comunicación constante con Oscar María de Rojas fundador del segundo museo cubano en Cárdenas y su preocupación por la inauguración del Museo Nacional en La Habana  que le pareció “un pulpo (…) que lo quiere todo”. 

   En otra circunstancia afirmaría: “Si nos descuidamos hasta el Árbol de la Paz se lo llevan para trasplantarlo en algún parque”. Y todavía habrá espacio para comentar la cólera del director, cuando manos inescrupulosas pretendieron comprarle la imprenta donde había sido redactado El Cubano Libre

     Tal vez no se sabrá nunca cuanto despojo impidió, cuanto conservamos aún gracias a su celo irredento. El capítulo “José Bofill Cayol, santiaguero ilustre”, arroja luz de mano muy cercana, para empezar a saldar la deuda de gratitud que esta ciudad debe a una obra silenciosa, tenaz.

    En defensa del patrimonio artístico se aproxima a la vida de Juan Emilio Hernández Giro, a su minuciosidad en los detalles, su enseñanza; a su legado en obras sobre temas históricos, bien desde el óleo, bien desde la acuarela. También a sus juicios sobre el papel del crítico, del crítico cubano para  “llevar con más facilidad a la inteligencia del público, la verdadera significación del arte”. 

    El cierre del libro explora los vasos comunicantes entre puertorriqueños, dominicanos y santiagueros, unidos por las cercanías geográficas, por las condiciones sociales,  por el mismo propósito de exaltar lo suyo, de defenderlo de la penetración y la desidia. Nombres como los de Ramón Frade o Francisco Oller dentro del trauma de la ocupación yanqui de Borinquen  o el de Luis Desangles, igual de dominicano que de santiaguero, desfilan en sus páginas.

   Al final, como un regalo, aparecen algunas imágenes ponga usted los colores  ya tan entrañables como  La Confronta, El Callejón del Guayo (Tejada), Placita de Santo Tomás (Bofill), La florista (Hernández Giro)  o Retrato de negro (Desangles)  Incluso,  se permite, traer unas caricaturas realizadas a Tejada y a Bofill de la mano de Félix B. Caignet… nada menos.

Sospecho, tengo la certeza de que en este mismo instante, la autora ha de estar nerviosa, resguardada, presta en su ordenador, esperando fotos y resonancias. Y si sospechan que he sido demasiado prolijo, se equivocan: En defensa del patrimonio artístico, naturalmente, reserva mucho más de lo que he podido decir. 

.Sé es cubano esencialmente porque sé quiere serlo; aunque las palmas haya que buscarla en los huesos. Desde el amor, sin chovinismos, sin estridencias, este libro me ha hecho más santiaguero. Déjense abrazar por él.
Santiago de Cuba, UNEAC. 20 de octubre. Día de la Cultura cubana
♣ ENTREVISTA EXCLUSIVA con la autora Lidia Margarita Martínez Bofill: “El arte te hace volar por encima de todo”  http://oncubamagazine.com/cultura/piel-adentro-el-arte-te-hace-volar-por-encima-de-todo