domingo, 11 de octubre de 2015

Aproximaciones al “otro Faustino” o la revelación de los orígenes y las complejidades de un líder revolucionario / RECONOCIMIENTO ESPECIAL María Nelsa Trincado. Unión de Historiadores de Cuba / PREMIO Ediciones Caserón / en IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam. Santiago de Cuba, 2015



Dr.  Israel Escalona Chadez

Las expectativas por la personalidad biografiada y el conocimiento de los precedentes investigativos del autor me motivaron a leer el libro Faustino, dejando jirones de sí mismo (Ediciones Unión, La Habana, 2012). 

   Faustino Pérez, el biografiado, es uno de los protagonistas fundamentales de la historia de la Revolución Cubana. Con su actividad en los años de la lucha insurreccional y en más de cinco décadas tras el triunfo revolucionario dejó una notable impronta; pero  – por su participación en hechos cruciales y por sus atributos personales – ha trascendido con valoraciones disímiles y muchas veces contrapuestas.

   Reinaldo Suárez, el biógrafo, sobresale por sus singulares aportaciones  historiográficas. Desde muy joven, el profesor de Historia del Estado y el Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente, demostró su devoción por investigar coyunturas y personalidades que – por determinadas razones y circunstancias – resultan complejas o controvertidas. De su obra descuellan Un insurreccional en dos épocas, con Antonio Guiteras y con Fidel Castro, entrevista biográfica que le realizara a Luís María Buch, con quien también colaboró en la redacción del libro Gobierno Revolucionario Cubano: Génesis y primeros pasos,  y con la coautoría de Otros pasos en el Gobierno Revolucionario Cubano; y el más reciente La complejidad de la rebeldía, basado en el testimonio de Enzo Infante.

   Desde hace años conocíamos que Suarez Suárez investigaba la trayectoria del Comandante Faustino Pérez Hernández, y no nos sorprendió que le atrajera esa personalidad, pero sí que apostara por la biografía. Tal vez podía esperarse que insistiera con la entrevista biográfica,  actuando con la aparente y simple tarea de “entrevistador”, aunque es justo reconocer la complejidad del método, con el que no sólo dialoga con el protagonista, sino que,  a partir de una previa investigación y el vasto conocimiento de la etapa y del personaje, hurga en aspectos controvertidos de la historia y, en ocasiones,  desliza discrepancias y coincidencias con el testimoniante.

   Pero el autor, consciente de que la reconstrucción de las existencias de protagonistas del desenvolvimiento político de la nación cubana en las últimas cinco décadas es un imperativo historiográfico, y que no abundan las biografías de personalidades históricas de los tiempos más recientes, y mucho menos realizaciones que aspiren a penetrar en los pormenores de la personalidad y despojarse de visiones edulcoradas, se decidió  por el género biográfico.

   Reinaldo Suárez ha reiterado: “… la urgencia de reaccionar frente al peligro de que muchas fuentes desaparezcan en un período de tiempo cada vez más cercano, sin dejar una huella utilizable por los historiadores”, (1) pero lo más significativo de su quehacer es que ha predicado con el ejemplo, al aportar obras.

   El recurso de presentar al personaje según visiones y versiones controvertidas de amigos y contrincantes, de políticos e intelectuales, de contemporáneos e investigadores y la digresión sobre la valoración de Fidel Castro: “Faustino es la conducta de la Revolución”, logran atrapar al lector desde las primeras páginas. 

   La motivación se hace mayor cuando se conoce que el autor concibe el ensayo biográfico como “…  el saldo demorado y cuidadoso de una pasión y un respeto, la del autor por Faustino Pérez. Pero no es parto interesado y apologético de una conducta y un hombre. Intenta ser honesto y objetivo. Anhela ser justo.” (2)

   Los diecinueve capítulos y trescientas setenta y cinco páginas de este primer volumen sólo tratan los años iniciales del biografiado. El estudio de la etapa que denomina “el otro Faustino”, atendiendo a que no es la del protagonismo en los años de la lucha insurreccional y la Revolución Cubana en el poder, logra una bien fundamentada reconstrucción de los antecedentes familiares, desde el papel de los padres canarios, que como la mayoría de los inmigrantes, llegaban a estos lares con el propósito de prosperar y regresar a su terruño, hasta la dilucidación de episodios, poco conocidos o divulgados, de su azarosa existencia: los avatares de la vida  universitaria; los vínculos  con el Dispensario Médico de la calle Salud y la Iglesia Presbiteriana de Cuba; la paralización de sus estudios de Medicina, una revelación histórica aún con aristas por dilucidar; las ilusiones y decepciones con la candidatura y gestión gubernamental de Grau San Martín; y el posterior respaldo a Eduardo Chibás, hasta llegar a integrar  la Comisión Médica del Partido Ortodoxo. 

   La interpretación de la vida de ese “otro Faustino”,  a partir de las investigaciones precedentes y el acceso a numerosas fuentes bibliográficas, publicistas, documentales y orales, es imprescindible para comprender el entramado y desenvolvimiento posterior. Pero el principal propósito es revelar el posible sesgo de una formación ideológica, aún cuando el adolescente y joven Faustino no tuviera un entorno académico que lo marcara y que rápidamente perdiera el vínculo con los hermanos Menéndez Larrondo, y mucho más cuando en la propia familia existiera dicotomía en cuanto a la apreciación de los sucesos de la república española.

   De particular interés resulta el último capítulo “Apropiación del misterio del Apóstol” – del que ya el autor había ofrecido un avance en la compilación  El legado del Apóstol,  publicada por la Editorial Oriente en el 2010 – donde argumenta que la mayor influencia literaria e ideológica recibida por Faustino Pérez fue la de José Martí, lo cual fue sedimentado desde la niñez.

   Partiendo de que “El Faustino que doy es el que encontré, sin reconversiones y acomodos, pero con un catalejo de simpatías”, (3)  el historiador demuestra su oficio con la utilización de declaraciones del propio biografiado, que puede ser un “arma de doble filo”, al enjuiciar hechos y actitudes, pues si bien contribuyen a precisar fechas y otras particularidades, pone al profesional en el dilema de coincidir o disentir, lo cual


presupone el análisis sereno y mesurado, capaz de devalr la verdad histórica. 

    Como libro de tesis, este debe – y seguramente lo logrará – motivar confrontaciones y, tal vez, avivar dudas. Afirmaciones como que: “Faustino fue segundo al mando de la expedición del yate Granma, al integrar el Estado Mayor de conjunto con Juan Manuel Márquez. La muerte de este en los días inmediatos a la catástrofe de Alegría de Pío, lo convirtió ipso facto en el segundo jefe de la incipiente guerrilla, con grados de capitán… Faustino es, con Frank País García, el símbolo más representativo de la insurrección revolucionaria en las ciudades cubanas…,  (4)  pueden alentar debates ante ancestrales visiones históricas.

   Tampoco quedan totalmente resueltas algunas contradicciones internas: “A la altura de 1951 había ocurrido una transformación definitiva de Faustino, que lo convirtió en un ciudadano modélico, próximo o preparado para la condición de revolucionario”,  (5) mientras un poco más adelante señala: “Durante los años 1948 – 1951, entrará con gradualidad en un mayor compromiso social y político”, (6) y más aún que a finales de 1951 “… no tiene cualidades de político. Es un hombre sencillo, sin cultura de tribunas. Escucha a los demás antes que construir un discurso. Carece de los atributos naturales de un tribuno de la plebe.” (7)

    En el  preámbulo al libro, bajo el título “Por qué la biografía del otro Faustino?”, Reinaldo Suárez  declara: “…pretendo aprovechar la biografía de Faustino, en lo posible, para comprender las raíces y complejidades que tienen la Revolución y los revolucionarios cubanos….”.

   Muy vigente resultará este aserto para quienes lean el prólogo de  Fidel Castro  al libro Historia de una gesta libertadora 1952 – 1958,  de Georgina Leyva Pagán, que el propio líder revolucionario considera un capítulo más del libro, sobre todo los juicios emitidos sobre Faustino Pérez, al reseñar un episodio de los días siguientes al desembarco del Granma:

Bien temprano tuve una amarguísima experiencia. Le expliqué a Faustino, que era capitán como jefe de una organización aliada, la idea de explorar el bosque y él, que no llevaba ni su fusil, me respondió tranquilamente: “¡No!, yo pienso que debemos seguir por aquí donde está la caña”. En ese instante me indigné tan profundamente que casi no podía articular palabra. El provenía del Movimiento Nacional Revolucionario del profesor Bárcenas. Percibí casi instintivamente la enorme fuerza del “espíritu pequeño burgués” que en general era alérgico al marxismo, el leninismo y el socialismo. Aunque no lo manifestaran en voz alta sus acciones previas y posteriores lo demostraban así, a tono con esa mentalidad que los yankis habían extendido por el  mundo desde el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia, lo cual desde luego no le impedía a la pequeña burguesía oponerse al brutal golpe de Estado que era repudiado por el pueblo. Me apena decirlo porque Faustino era un hombre valiente, que se sentía feliz luchando en la clandestinidad. Cuanto aprendí al tener que tragar de un golpe aquella realidad.  (8)

Los asertos de tan autorizada voz deben estimular debates en torno a cuestiones esenciales de la Revolución Cubana, pero sobre todo son una muestra más de la complejidad de los procesos revolucionarios y de los hombres que lo protagonizan, y a su vez confirman la necesidad de continuar e incentivar proyectos como los de Reinaldo Suarez, que con Faustino, dejando jirones de si mismo, libro justamente gratificado con el Premio de Biografía de la UNEAC 2011, realiza un significativo aporte a la historiografía cubana, al reconstruir la historia de la primera parte de la existencia de un hombre imprescindible durante más de cinco décadas, y deja al lector con la motivación de los capítulos venideros, en los que la magnitud de la personalidad estudiada emerge hacía horizontes de mayor relevancia.

Tales empeños merecen continuidad. La historiografía cubana y las sucesivas generaciones de compatriotas quedarán eternamente agradecidos. 

NOTAS:

  
     (1)  Reinaldo Suárez Suárez: “Alarma  historiográfica”  en  De historiografía  cubana. Memorias de la 
                Feria  del    Libro  en Santiag de  Cuba. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba. 2007, p.  29.  
      (2)   Reinaldo Suárez Suárez: Faustino, dejando jirones de sí mismo.
        Ediciones Unión , La Habana, 2012, p.35.
       (3)   Ibíd.,   p. 15
      (4)   Ibíd,  p.10
     (5)   Ibíd,  p. 188 
     (6)   Ibíd,  p.  291
      (7)   Ibíd,  p. 328
      (8)   Fidel Castro: “El prólogo que me solicitaron” en  Georgina Leyva
       Pagán: Historia de una gesta libertadora 1952 – 1958. Editorial de
      Ciencias Sociales, La Habana, 2014, p. XXI   
  

(El doctor Israel Escalona recibe el premio de Ediciones Caserón en el Concurso Caridad Pineda de manos del  joven escritor Noel Pérez)


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