viernes, 6 de julio de 2012

Luis E. Aguilera, un narrador chileno en el Encuentro de Poetas / LA PIEL QUE NOS UNE







(El narrador chileno Luis Eduardo Aguilera al centro y los presentadores, de sus libros Reinaldo Cedeño Pineda, a la izquierda y Manuel Gómez Morales, a la derecha. Encuentro de Poetas del Festival del Caribe 2012. Librería Amado Ramón Sánchez, Santiago de Cuba)

MANUEL GÓMEZ MORALES

La primera vez  que ocurre un encuentro cercano de tercer orden, uno se cree su papel de descubridor con suma pasión, a toda costa, y, por tanto, de manera tácita. He aquí donde asoma la dicotomía acerca de quién descubre a quién. Lo cierto es que, para ser más puntual, podría decirse, en todo caso, que uno se descubre a sí mismo en primera instancia, lo cual resulta alentador, pues confirma que nos se ha extraviado la capacidad de asombro que debe caracterizar al denominado ser humano.


Este giro inicial es un pretexto para tensar la cuerda en torno a la coexistencia de las vidas imantadas. Sí, porque allá, en el cono sur de Suramérica, llegan los efluvios de un archipiélago caribeño custodiado por los herederos de toda una diversa y contundente constelación de orishas y no orishas. Así es, Luis Eduardo Aguilera (Chile, 1957) quedó atrapado en la miel de nuestra insularidad y prosigue aquellos caminos inevitables tomados por viajeros enamoradizos de antaño que, como Walter Goodman, latieron desaforadamente ante la seducción del mapa cubano. Y para Luis Eduardo, amar, también es narrar Cuba (o viceversa), ese “puro placer de narrar, es quizás el estado humano que más se parece a la levitación, al decir de Gabriel García Márquez. De modo que por carácter transitivo este multipremiado escritor no ha dejado de levitar entre arrecifes y palmas reales, pues por si fuera poco es conducido por los atributos de Yemayá para penetrar en el etnos cubano.

Justamente, por aquí andan (y no desandan) esas evidencias que marcan la ya citada coexistencia de las vidas inmantadas. En una suerte de ajiaco literario se entrelazan Valparaíso, Villa Alemana, Vicuña, y Coquimbo con Baracoa, Guira de Melena, Alquízar, Bauta, San Antonio de los Baños, Bejucal, Granma, el malecón habanero, por solo citar una muestra de esta ramificación sensorial que se plantó en la cotidianidad de este creador. No resulta gratuito Yemayá, la virgen del mar de Baracoa y otros cuentos texto que agrupa a “En el Paseo del Prado, la vida es un sueño”, “La heredera de Ochún no se encuentra sola ”y a la narración que da título al libro, cuentos comprometedores que involucran al lector a través de una primera persona, trasciende a sí misma al implicar al resto; una primera persona que Luis Eduardo esparce temporalmente para conjugar presente, pasado y lo que vendrá sin límite alguno, un elemento que sustenta el enfoque escritural del autor. Se trata de narraciones donde la crónica entra y sale de la atmósfera con desenfado, aportándole al discurso.

Estas letras vienen de las alturas, son aguas que la serranía destila y se convierten en metáfora profunda y transparente. Letras sinceras que emanan de la Sierra de Cristal o de la Sierra Maestra... y siempre de las alturas. Caen azules en un vaso, solo les basta una penca de helecho, una regla orientada hacia el más infinito y en sábados alternos renovarse en azul, como memoria impostergable de identidades, porque así somos... nosotros y ustedes, nuestro alter ego.

Convertido en arqueólogo confeso de las entrañas cubanas, abre las puertas de la cultura popular tradicional, escudriña sus esencias. O bien en una de sus páginas se escucha un guaguancó, un chachachá, boleros, sones o una joya de la trova cubana; o bien se degusta un plato de la cocina cubana. O bien, cuando se dobla cada cuartilla de las 102 que contiene el volumen, aparecen sábanas blancas colgadas en los balcones con aromas a Caribe. Pictoricismo y acento colorístico desde el pincel de Luis Eduardo, confirman los estratos e interioridades sobre los que se ha construido la sociedad cubana y en ello va el empeño de este Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (Filial Gabriela Mistral). Un ojo que ausculta los encantos que se hallan entre lo real y lo mítico, una zona franca (entiéndase de franqueza)donde toma la mano de Yemayá, Ochún, un guije, a quien rompe su conjuro con la célebre frase “yo te vi primero”; o una mulata hecha de siete potencias. Recorre calles con apagones, pueblos de carretera adentro; conoce la historia de las casas deterioradas y desplomadas de “las flores nocturnas” en Quinta Avenida y mas allá de Quinta Avenida, pero mucho más de la vocación del cubano por afirmarse y procrearse en cubanía.

Estampas se tienden por doquier de este viajero permanente, alguien que sabe que después de lo afrocubano se avista lo cubano. Yemayá, la virgen del mar de Baracoa y otros cuentos es un canto a este concepto, a la diversidad que connota la identidad cultural y a su nación; es homenaje a las referencias claves de la poesía y la música de Cuba. Fecundidad y amor gravitan en este devenir de una prosa pertrechada por la poesía ineludible.

En verdad, Luis Eduardo Aguilera es un gran caminante, conoce que “los sueños se van y retornan sin aviso”; no existe pueblo, ciudad que se resista a la lectura de sus pies, lectura lenta pero aplastante. Se trata, pues, de una aseveración que tributa al decir y actuar de Eduardo Galeano. Y así, es demostrable que es una sola piel la que vestimos; mucho habrá que pensar y defender la intertextualidad de espíritu que nos une.
Muchas gracias.


VER Presentación del libro EL ANDÉN DE LOS SUEÑOS del narrador chileno Luis Eduardo Aguilera por Reinaldo Cedeño Pineda, en Santiago de Cuba.
http://laislaylaespina.blogspot.com/2012/07/uneac-santiago-de-cuba-presentan-libros.html