jueves, 5 de julio de 2012

UNEAC Santiago de Cuba / Presentan libros del narrador chileno Luis Eduardo Aguilera




(Presentación del libro EL ANDÉN DE LOS SUEÑOS de Luis Eduardo Aguilera por Reinaldo Cedeño Pineda en la sede de la UNEAC santiaguera. Manuel Gómez Morales presentó YEMAYÁ, la virgen del mar de Baracoa y otros cuentos) 







UN PASAJE EN EL ANDÉN DE LOS SUEÑOS


Reinaldo Cedeño Pineda
 

 

El autor de este libro no cree en el maleficio de los gatos negros, del paso por debajo de una escalera, de los números marcados. Lo ha confesado frente a un micrófono, para todo Santiago en Radio Siboney. No le bastó con reunir trece relatos, sino que desafiante, irreverente casi, tituló el último “Cuento número 13”. No se lo he dicho, pero eso me ganó desde la primera vez. Uno no escoge la hora de nacer, y yo nací un trece. No puedo negarme ni escabullirme. Es un número que se me encima, que me persigue, que me acompaña siempre.  




   (Al centro, Luis Eduardo Aguilera, en la cabina de Radio Siboney, junto al periodista Reinaldo Cedeño y la locutora Kenia María González)

Por si fuera poco, en las últimas páginas, un personaje con el extraño nombre de Euclides de Huankara, le entrega una demanda al escritor. Coloca “la taza vacía sobre el tapete de encaje”, le mira con una mirada de puñales y le conmina a buscarle un futuro mejor, ya mismo.  En un rejuego entre la picardía y el absurdo, en un guiño fantasmagórico, cómplice, el escritor decide quemar su texto, para librarse de tanto personaje que le vive, que le desanda.

   Así, curiosamente, El andén de los sueños, es un libro sometido en su propio discurso al exorcismo del fuego; pero esa flama no nos deja cenizas en las manos, sino un rescoldo tibio, una chispa imanente, un grano de sol.
  
   El autor de este libro viene de la tierra donde nació Lucila, la de Tala y Desolación. Desde la tierra de Gabriela Mistral, llega a Cuba, Luis Eduardo Aguilera con las manos llenas de imaginación. Aunque niega ser poeta, no escapa. La poesía se le desgrana natural, inesperada, insólita. El Valle de Elqui, el mar cercano, la naturaleza, salpican sus párrafos de polvo y de salitre.

   Llega con este libro desde La Serena ―hermoso nombre para una hermosa ciudad―, ganador del concurso convocado por el Fondo Editorial Manuel Concha, dedicado a revelar a los escritores de la región. La curiosidad fue una saeta que atravesó mis ojos cuando el autor dedica el libro a sus propios personajes. Y lo fue aún más, cuando el prologuista Pepe Sánchez suscribe que: “El andén de los sueños es una aventura que nos conduce, en muchas ocasiones, por los vericuetos de la biografía del autor (…) por su interacción diaria con el entorno y los seres humanos con quienes comparte el día a día”.

   El filósofo y periodista argentino Eduardo Sanguinetti, escribió sobre
El Andén de los sueños que “Luis Aguilera, nos sumerge en sus relatos sin tiempo, inevitables en el devenir de un pasado y futuro, que cohabitan en un eterno presente, ininterrumpido por el acontecer de acciones, que dan la impresión de transcurrir en una escena local conocida, que se desdibuja cuando el recuerdo del instante es evocado, cual ensoñación”.

   Entiéndase que después de estas palabras, no quedaba otro camino que correr esta aventura.

   El cuento homónimo de este volumen es un viaje en doble sentido: geográfico e íntimo, pueblero y onírico. Eduardo ante María del Pilar: “recorre sus labios con serenidad, pedacito a pedacito: su pecho se sofoca cuando recorre el escote amplio que deja ver la entrada de sus dos senos, que suben y bajan, acompasados por el leve movimiento del tren (…) tres gotas de sudor frío recorren su cara, son salobres cuando llegan hasta la comisura de sus labios; siente un desvanecimiento…”. Solo que Eduardo se ha quedado dormido y su dama no puede darle más que un angustioso adiós.

   El andén de los sueños es prolijo en la creación de atmósferas y la descripción de ambientes. Un verbo dominador le atraviesa de parte a parte, es su columna vertebral. Sin embargo, en el trazado de sus personajes, en hálito vital es donde Luis Eduardo Aguilera se apunta el acierto mayor.

   ¿Acaso es posible olvidar a Plutarco Astrosorobabel con sus zapatos plomizos, su chaquetín a prueba de frío, lanzando un uppercut al rostro del Director Supremo que lo ha sorprendido durmiendo en la ronda nocturna; sacudiéndose al fin las humillaciones, cantando el tango Uno rumbo a casa?

 ¿O a Frijolito Tercero, devuelto a su antiguo nombre por una reglamentación infinita, a su locura-lucidez del rincón y las calles; relato en el que el autor manifiesta todo un alarde de exquisita ironía? ¿O al niño vagabundo del Puclaro, “como un centinela sobreviviente, con sus piernecitas colgando al precipicio en el lugar del accidente”?

   Pero de todos ―permítame el autor― permítaseme quedarme con la Princesa Diaguita, la que inmortalizó los otoños, que no logró fijar cuando se fue su infancia y sobrevino la adolescencia, con su bronceado indígena y sus cabellos de carbón piedra, como huesillo de durazno, con el dolor partido en los labios. Hablo con sus palabras. Luego dice que no es un poeta.

   Un libro de trece cuentos y más de trescientas páginas no es cosa de juego. Es fruto de un intenso laboreo con el lenguaje, con el redimensionamiento de las realidades hasta crear un verdadero cosmos ficcional, con el tributo callado a las obsesiones y los personajes. Es un regalo.

    Luis Eduardo Aguilera (Valparaíso, 1957), Director de la Sociedad de Escritores de Chile y presidente de la Filial Gabriela Mistral en la región de Coquimbo, es un hombre de hermandades, capaz de tristear y de nacer en cada cuento. Es un hombre de raíces. Orgulloso de su heredad y de su gente, ha universalizado en sus letras el pedazo de mundo que le asoma a sus ojos. Al fin y al cabo, el mundo es una taza para beber con los amigos. Por eso, el autor entrega sus relatos, como quien nos da un pedazo de su cielo, de su valle, de su propia camisa.  Para él no hay barcos varados, sino remos.

    Aquí les dejo mis humildes apuntes que intentan aproximarse a los entresijos de este libro. Sólo que tal vez me acerqué demasiado, que voy ya en él, que extiendo mi pasaje, que me cobijo en ese andén, que voy por el carril donde habitan los sueños. 


---VER Presentación de Yemayá, la virgen de Baracoa y otros cuentos por Manuel Gómez Morales. En Santiago de Cuba. CLIC



2 comentarios:

Héctor dijo...

Muchas felicidades amigo Luis Aguilera le deseamos Héctor y María Norma de Chilecito, La Rioja. Argentina. Dios te bendiga, un abrazo

Cristian dijo...

Como me gusta mucho la literatura me encantaría poder conseguir Pasajes a Santiago de Chile desde Buenos Aires para poder disfrutar de los eventos culturales acerca de la narración y la literatura