jueves, 28 de mayo de 2009

CINE CUBANO: Pineda Barnet, una ANUNCIACIÓN menor



Eric Caraballoso Díaz
(Tomado de Radio Siboney digital
http://www.radiosiboney.icrt.cu/ )

Enrique Pineda Barnet es un maestro del cine cubano. Uno de los pocos que permanece vivo, después de la muerte de Humberto Solás, Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez. Su película “La bella del Alhambra” –protagonizada por Beatriz Valdés- no es solo nuestro mejor acercamiento al género musical, sino también una de las cintas más bellas de las últimas décadas.

Su más reciente filme, sin embargo, no llega a las alturas que Pineda Barnet merecería. “La anunciación”, que tal es su título, no sólo carece del aliento vital que desborda “La bella…”, sino también de una solidez dramática y argumental que se corresponda con la historia que pretende contar.

Luego de la muerte del padre, una familia se reúne para conocer su testamento moral. Convocados por la madre, los tres hermanos –una residente en los Estados Unidos y los otros dos en Cuba- deberán compartir el momento, atenazados por sus diferencias y el interés de garantizar el mejor futuro al único hijo del hermano mayor.

Puesto así, el drama parece lo suficientemente fuerte para encausar el filme. Y de hecho, lo logra por momentos, espoleado por la tensión entre unos personajes puestos al límite entre sus credos personales y su amor familiar.

Lamentablemente, el guión asume a ratos un tono trascendentalista y hasta panfletario, que no solo coacciona la naturalidad de los diálogos y situaciones, sino que pretende explicitar un mensaje reflexivo, pero manido, sobre la realidad nacional. “Hay que ser honrados y mantenerse unidos más allá de las diferencias”, así se resume la moraleja en el propio testamento del padre develado al final.

Este mismo tono explica el simbolismo, conciente o no, que Pineda Barnet otorga a la propia familia, con marcas generacionales, ideológicas y de carácter bien definidas. Cada hermano representa una actitud, un momento, y por eso al hablar parece hacerlo todo un tipo de cubano, y no solo el ser de carne y hueso que vemos en la pantalla.

Ello termina lastrando las actuaciones, imposibilitadas de explotar al máximo todo su drama humano. Ni Héctor Noas –el hermano mayor- ni Broselianda Hernández –la hermana que regresa- consiguen desencartonar totalmente la crudeza de sus personajes. Ismael de Diego –el hermano menor- parece más desenfadado, pero acusa inevitablemente su falta de conocimiento actoral. Solo Verónica Lynn –en el papel de Amalia, la madre- alcanza los matices que su personaje demanda.

Tampoco resulta coherente una segunda historia paralela, más simbólica todavía, que ocurre fuera de la casa y sin vínculo aparente con la familia. El drama del fotógrafo que abandona sus pertenencias, y hasta el amor, para lanzarse al mar, resulta fallido por su aporte nulo a la trama principal del filme, de la que termina siendo una inacabada digresión.

Lo mejor de la película es su fotografía. Inspirada en el cuadro homónimo de Antonia Eiriz, el cual se muestra incluso en varias escenas de la película, la misma recrea la atmósfera opresiva y dañada tanto de la locación del filme como de la historia en sí. Aunque sin todo el tono lúgubre de la obra original, la cinta retrata la mohosa y contradictoria situación de sus personajes, gracias los ángulos cerrados, los primeros planos y un detallado contraste entre el interior y el exterior de la vivienda.

“La anunciación” deja muchas preguntas sueltas, más allá del cielo luminoso –y simbólico-de su final. No es un filme fácil y complaciente, pero tampoco consigue la contundencia que de su historia y de su realizador podrían esperarse. Esperemos que, lejos de una reflexión conclusiva en la carrera de Pineda Barnet, sea en verdad la anunciación de una cinta mayor.
Título original (La anunciación de Pineda Barnet)