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lunes, 6 de abril de 2009

Las críticas, las crónicas de ANTONIO DESQUIRÓN


Alberto Lescay: Espíritu y formas (Aparece una imagen suya dentro de un colectivo)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/03/alberto-lescay-espiritu-y-formas.html

LA CIUDAD DE LAS MOTOS
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/02/la-ciudad-de-las-motos.html

Miguel Ángel Botalín: INFATIGABLE
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/01/infatigable.html




Una tarde de poesía en el Festival del Caribe /escrito por Reinaldo Cedeño, pero donde aparace su imagen y poema. El tercero de izquierda a derecha)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/07/una-tarde-de-poesa-en-el-festival-del.html

domingo, 28 de diciembre de 2008

SERIES ESPECIALES (Identidad cubana/Congreso UNEAC/Paralímpicos/Radio Siboney/Cuabitas/Diversidad sexual y medios/Huracán Gustav-IKE/Cuba BEIJING)



---Cultura e identidad cubana (1492-siglo XXI)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/cultura-e-identidad-cubana-v-que.html

---Séptimo Congreso de la UNEAC
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/04/cuba-7-congreso-de-la-uneac-mirarse-por.html

---Paralímpicos. Leyendas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/leyendas-del-deporte-paralmpico-cuando.html

---CUABITAS (Antonio Desquirón)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/cuabitas-viii-y-final-cuabitas-hoy-y.html

---La diversidad sexual y los medios
http://lapolemicacontinua.blogspot.com/2008/07/en-desarrollo-la-polmica-la-diversidad.html

---Huracán Gustav. Crónicas de un golpe nuclear
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/huracn-gustav-crnicas-y-sucesos-de-un.html

---Huracán IKE: Crónicas e imágenes
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/huracn-ike-cuba-medio-milln-de-casas.html

---Radio Siboney
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/radio-siboney-40-aos-de-msica-y-compaa_04.html

---Radio Siboney: Portal de la radio cubana
http://www.radiocubana.cu/documentales_radio/radio_siboney_cuatro_decadas_de_musica_y_compania.asp

---Cuba en Beijing: Un análisis deporte por deporte


lunes, 1 de septiembre de 2008

CUABITAS (VIII y final) Cuabitas hoy y mañana


Antonio Desquirón Oliva
desquiron@gmail.com

(ESPECIAL para La Isla y La ESPINA)

Temperatura, humedad y renovación del aire han sido algunos de los factores determinantes para la vida en el tiempo, no sólo de Cuabitas, de Santa María, Boniato y El Caney: esta región al norte de Santiago se ha inundado de gente, no por necesidad de espacio barato, como en los Cerros caraqueños y bogotanos, sino precisamente porque tiene aire, paz, frescor –y terreno económico, es verdad-.

Si bien durante las décadas 1890-1930 –de diez a veinte años antes que el elegante Vista Alegre- Cuabitas fue una especie de resort veraniego para familias pudientes, pasó a barriada porque se vio que era posible lograr condiciones de vida económicas y placenteras, a la vez que en contacto con la naturaleza.

El realidad, las casas humildes fueron la semilla, los sitios donde no era necesario ostentar ni demostrar, sino simplemente vivir. Quizá por ello exista en Cuabitas tan poca diferencia entre la experiencia de habitar una mansión fastuosa y otra que no lo es. Lo principal –espacio, temperatura, aire, agua, luz- lo provee la exterioridad: los patios, los portales en forma de corredor, el follaje, la lluvia.

Las grandes casas demuestran soluciones formales y estilísticas, pero las humildes-tradicionales demuestran soluciones arquitectónicas: yo estoy convencido de que merecen tanta atención como las primeras.

No quiero que los cuabiteros lejanos piensen, porque no es verdad, que su reparto permanece como lo dejaron o que todo se destruyó sin remedio. Como todo lo vivo, Cuabitas ha cambiado mucho y seguirá cambiando.

Ya no se puede dormir con las puertas abiertas, ni siquiera abrir la delantera temprano en la mañana y cerrarla a la hora de dormir. Tampoco llega aquí la sirena de los barcos que entran o salen de la bahía, ni los pitos de las grandes fábricas mancando las siete menos cinco; a veces ni el sonido apocalíptico del tren. Sólo los aviones de pasaje por el corredor aéreo que atraviesa Cuabitas, invisibles de alto, o los neumáticos de los grandes camiones de corren por la Autopista Nacional, o, en la madrugada, la música salsera del gran cabaret a un lado del trébol que da entrada a Santiago.

Hay varias escuelas, un internado, un seminternado –o sea, un sitio donde los chicos se pasan todo el día y después duermen en sus casas-, varios consultorios médicos, una policlínica, una instalación para rehabilitar secuelas de accidentes o enfermedades cualquier tipo, una panadería, un centro para enseñar los secretos de los ordenadores, una tienda de víveres grande, otra pequeña, varios puestos de frutas y viandas. Una iglesia católica y otra de cierta denominación protestante que –excusen los fieles- no recuerdo.

Por lo demás, igual: Chalons se sigue desbordando cuando llueve mucho, los cuabiteros siguen pisándose la lengua, la nostalgia congénita de todo hijo de este sitio de “vivir fuera del mundo” se acrecienta o disminuye según los avatares del transporte público, los teléfonos, los viajes, y ahora el e-mail e Internet (el blog donde se publica esto, se hace y se emite desde la subida del Puerto de Boniato).

Confío que en un futuro –cuando la gente reconozca el privilegio del aire puro, el verdor y la lluvia--, el reducto cuabitero demostrará su capacidad de sostener mucha más población con mejor calidad de vida (me parece estar viendo la sonrisa irónica en el rostro del lector actual). A nadie quepa duda.

VER La serie: CUABITAS

---CUABITAS (I) Ni viruta ni astilla
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-i-ni-viruta-ni-astilla.html

---CUABITAS (II) Gente de Cuabitas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-ii-gente-de-cuabitas.html

---CUABITAS (III) Personas y personajes
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-iii-personas-y-personajes.html

---CUABITAS (IV) Lo que quiere decir
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-4-lo-que-quiere-decir.html

---CUABITAS (V) Por el camino de Chalons

CUABITAS (VII) La casa simple: hoy y mañana


Antonio Desquirón Oliva
desquiron@gmail.com

(ESPECIAL para LA ISLA y LA ESPINA)

No digo justo; sería necio olvidar las casas modestas de Cuabitas.

Muchas grandes y bonitas han quedado, pero no nací ni crecí en una de ellas, sino en una sencilla que hoy, cuando todo parece estrecho, breve e improvisado, da la sensación de una mansión sin serlo. Porque forma parte de esa legión de moradas de madera o ladrillos, con techos de tejas “francesas” o de zinc y un terreno lleno de flores y frutales alrededor.

Todas basan su bienestar, no en la forma, sino en el diálogo con el verdor, la lluvia, el aire, los pequeños animales. Parte importante lo jugaban las celosías de madera y los portales en forma de corredor, que imponían una separación transitable con transitable exterioridad –tamiz, atalaya, sitio de conversación o meditación, como si las ventanas y las puertas no fueran suficientes.

Por otro lado, los tabiques entre uno y otro espacio a veces no cubrían toda la altura: pienso que de esa manera los volúmenes de aire caliente acumulado cerca del techo eran más libres de ir y venir, y de paso enfriarse. Debe de haber sido así, pues sé por experiencia que estas viviendas de puntal alto son sumamente frescas: claro se trataba sólo del puntal, ya que existían muchas puestas y ventanas, terreno vegetal –que guarda mucho menos calor y mucha más humedad que el rocoso- y una topografía por encima de esa especie de concha o cazuela que es la ciudad de Santiago y por debajo de las montañas que la separan del Valle del Río Cauto.

¿Quiénes las fabricaron? Como en las películas y los culebrones de TV, esos datos generalmente caen dentro del cono de penumbra. Quiero creer que en algún registro deben constar, pero –adelantándome al probable tema de tesis de un futuro diplomante de Arquitectura- yo recuerdo unos pocos.

Ya habíamos dicho que el veterano sargento mambí Pedro Rodríguez fue un gran carpintero de casas modestas: hizo muchas, sí, y la obsesión de las celosías denuncia su mano. Pedro debe de haberse asentado en Cuabitas a finales del siglo XIX, pues la casa de Antonio Peralta –que era un hombre blanco muy modesto, carretillero, picapedrero y suegro de Pedro- la hizo él-; también fabricó la de doña Felipa Castillo –una negra de las de antes: muy seria, veterana también de la Independencia, y que, como en los documentos del siglo XIX, llamaba Cuba a la ciudad de Santiago.

Comenzada a finales de los ’30 e inaugurada exactamente el 24 de junio de 1940, la mía -así como la de al lado- es obra de Nazario Nicieza. Él era contratista y maestro de obras, o sea, que se encargaba de hacer todo; la “distribución” de la casa, la pensó mi madre con el procedimiento de aquí el baño, aquí la cocina, tres habitaciones, etc. Parece que resultó bien, pues solamente estuvo inconforme con la altura de las ventanas (esto parecía un convento, relataba. Y es cierto, a las ventanas de casa hay que tener deseos de asomarse), pero Nazario las rehizo.

Con la casa de al lado –fabricada por iniciativa de un tío mío se repitió la fórmula, con mi madre de mandamás-, pero ahí las ventanas quedaron bien. El edificio junto a la capilla –hoy escuela- así como el cuarto donde duermo, los hizo un negro alto de ojos amarillos a quien apodaban El Mejor; era solamente albañil, pero no un pega-ladrillos, sino un verdadero constructor, pero que sin capital para comprar materiales y pagar una cuadrilla. Existe una guaracha que dice Soy El Mejor, El Mejor… que él aseguraba que se la dedicaron. Puede ser…

De lo hecho por Pedro queda parte en pie, y ni qué decir de las obras de Nazario y El Mejor.

Existen otros, como el Ingeniero Puente, ya más intelectual.

Todos dominaron a la perfección su código constructivo: no lo idearon pero lo aplicaron y adaptaron a la perfección para que su obra fuese barata y firme. Pasaron el pequeño terremoto de 1948, las infinitas tormentas de los años ’50, el Ciclón Flora de 1963, las aguas interminables del 2007 y, cachicambiadas y deslucidas por la falta de mantenimiento, se mantienen en pie.

Agradecimiento y homenajes.

VER La serie: CUABITAS

---CUABITAS (I) Ni viruta ni astilla
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-i-ni-viruta-ni-astilla.html

---CUABITAS (II) Gente de Cuabitas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-ii-gente-de-cuabitas.html

---CUABITAS (III) Personas y personajes
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-iii-personas-y-personajes.html

---CUABITAS (IV) Lo que quiere decir
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-4-lo-que-quiere-decir.html

---CUABITAS (V) Por el camino de Chalons
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-5-por-el-camino-de-chalons.html

---CUABITAS (VI) Las casas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/antonio-desquirn-oliva-especial-para-la.html

jueves, 28 de agosto de 2008

CUABITAS (6) Las casas

Antonio Desquirón Oliva
(ESPECIAL para La Isla y la Espina)


Siempre fue ambición de los vecinos de Cuabitas elevar la categoría de nuestra capilla y volverla parroquia, o sea, que en ella habitaran sacerdotes. Y se dieron a la tarea de reunir dinero para construir un inmueble. Allá por 1955 ó 56 comenzaron las obras y estaba quedando bien, pero el dinero no alcanzaba. Entonces los cuabiteros católicos decidieron ir a Villa Elvira a pedir más. Por supuesto que hacía siglos que Don Emilio no existía, pero estaba doña Marina. Y yo fui. Me colé con los mayores.

Nos abrieron y yo entré a donde nunca antes y jamás después lo haría: Villa Elvira por dentro. La original. Un mayordomo vestido de oscuro como en las películas, adornos de bronce, lámparas de cristal. Lo que más asombraba de las enormes casas –no de la mía- era la frescura, la media luz, ese estar adentro que se parecía tanto a estar afuera. Con todo, Villa Elvira no era de madera, como tampoco La Casa Azul hecha en los años ’20 por el dueño de un central, cuyas iniciales aún conserva la fachada.




En Cuabitas y Santa María hubo y hay muchas casas de madera. Grandes y pequeñas, pobres y ricas, lujosas y modestas, bien y menos bien construidas. Como ya he dicho, se trataba de construcciones destinadas a usarse dos o tres meses al año, en verano. No valía la pena hacer grandes inversiones. Eso y la moda americana del ballon frame.

Como es lógico, las casas de madera se convirtieron en una solución popular: nunca vi en Cuabitas el tradicional “embarrado” de cal, arena y tierra sobre cuje tejido.
Como el tiempo, el comején, los incendios y la urgencia de los nuevos habitantes que necesitaban materiales para construir sus propias viviendas casi ha acabado con ellas.

Mi casa no es de madera, aunque en realidad la magia de las casas de Cuabitas quizás estaba en que no se sintiera mucho la diferencia entre vivir en una construcción de madera o de mampostería.

Crecí junto a Villa Margot, bella propiedad del Coronel mambí Eduardo Dubois. Debe haberse construido hacia los años ’20, quizá antes, pero ya no existe. Sus horcones de pino rezumaban resina en mi niñez: lo menciono porque ese perfume penetrante y seco inundaba todos los espacios como salidos de un rompecabezas, su mobiliario totalmente hecho de mimbre, su espejo de marco dorado, sus biombos, los asientos dobles para enamorados y las grandes fotos ovaladas...

Jamás pude descifrar la enorme cantidad de aguas de su techumbre, ni sus rincones obtusos, ni su carencia de adornos, ni siquiera la senda de su largo portal en forma de corredor. Desgraciadamente no queda ni una foto. Comparada con la mía, Villa Margot era, o un perfumado cofre de madera o el fragmento de un filme expresionista.

Pero existían también la Casa de las Bravo, que se quemó; la enorme Casa de Altos en el corazón de Cuabitas, abandonada e incendiada alrededor de 1957, Villa Nina, que tenía algo parecido a un zoológico con pavorreales, venados, conejos y tortugas-, que ardió en los ’70; Chantilly, que también se quemó un domingo por la tarde; la Casa de Gallart –en realidad construida por el Conde Duany a fines del siglo XIX, donde hice el Kindergarten con mi amada maestra Bertha Gallart y su original familia. Y otras casas más, que no recuerdo, quizá menos notables.




En cambio, presento ésta, quizá menos antigua que las anteriores, con esa austeridad llena de confort de las casas tradicionales americanas, pero la mejor conservada hoy por hoy. Cuando nací, pertenecía a la familia Alea, que eran comerciantes de ropa masculina: no creo que ellos la construyeran, pero sí plantaron la enorme casuarina que cada Navidad tenían la osadía o el empecinamiento- no se cómo llamarlo- de adornar.

Cuando los Alea abandonaron Cuba, pasó a habitar en ella un señor llamado Neno, cuyos descendientes continúan allí. Una de las obsesiones del difunto Neno era mantener linda la casa. Y lo hizo bien.


VER La serie: CUABITAS

---CUABITAS (I) Ni viruta ni astilla
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-i-ni-viruta-ni-astilla.html

---CUABITAS (II) Gente de Cuabitas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-ii-gente-de-cuabitas.html

---CUABITAS (III) Personas y personajes
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---CUABITAS (IV) Lo que quiere decir
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---CUABITAS (V) Por el camino de Chalonshttp://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-5-por-el-camino-de-chalons.html

martes, 12 de agosto de 2008

CUABITAS (III) Personas y personajes


Antonio Desquirón Oliva
(ESPECIAL para La Isla y La espina)


Al parecer, Cuabitas a fines del siglo XIX se puso de moda, pues en aquella época las personas de dinero apreciaban más una casa de campo que una de playa. Aquí vivieron el conde Duany –uno de los millonarios santiagueros del siglo XIX-, Emilio Bacardí Moreau, don Enrique Shuefg –en aquel tiempo, miembro de la firma Bacardí…

En este sitio vivió Mariano Corona Ferrer y algún momento de la Guerra de Independencia (1895-98) editó e imprimió el periódico El Cubano Libre en la cuabitera Imprenta Mestre; en 1905 falleció el notable patriota y periodista Desiderio Fajardo Ortiz, El Cautivo. Alrededor de 1907 una señora Rita Portuondo donó un terreno justo al lado de mi casa, para construir una capilla católica dedicada a la Virgen de la Caridad, la cual fue trasladada en 1937 a su lugar actual, junto a la carretera.

La quinta de Bacardí se llama Villa Elvira: antes de construirse la bonita mansión de mi niñez, Bacardí, que era librepensador y tenía mucho dinero, prestó Villa Elvira a una hermandad americana llamada Raja Yoga, que puso una escuela para niñas y practicaba un sistema de enseñanza basado en la filosofía hindú. Pero una noche a alguien se le cayó una lámpara, hubo un incendio enorme y todas las niñas se salvaron, pero el caserón de madera quedó hecho cenizas.

Frente a la iglesia, cruzando la carretera, se dice que alguna vez vivió el poeta dominicano Fabio Fiallo, y creo que en la misma casa, pero en otro tiempo, el novelista peruano Ciro Alegría. En la vereda que daba a Villa Elvira, quedaba Villa Retazo, casa de Ezequiel Vieta y su esposa Chacha Maggi en los años ‘50, y enfrente estuvo Chantilly, una enorme casa de madera que también ardió, donde funcionaron las Producciones Chantilly, que en 1950 filmaron el largometraje de pasión y pecado “S.O.A”.

Más abajo quedaba Villa Nenita, donde en mi juventud descansaba mi profesora de la Universidad de la Habana, Camila Henríquez Ureña; más arriba de casa aún reside la familia de Maximiliano Sánchez –Bimbi- uno de los más grandes guaracheros que ha dado Cuba. Hoy día el famoso compositor y director de coros Electo Silva, es mi vecino.

También vivió el carpintero constructor Pedro Rodríguez, ejecutor de casi todas las casas de madera con celosías de tabla de Cuabitas: luchó en la Guerra de Independencia a las órdenes de Jesús Rabí. Su esposa Julia Peralta fue actriz destacadísima en las obritas que se montaron y representaron aquí mismo durante años con gran éxito de público. Julia y Pedro, igualmente, fueron entusiastas de los Altares de Cruz: según contaban mis mayores, cada mes de mayo su humilde casa de guano se repletaba de cuabiteros alegres y devotos. Uno de sus hijos, Romilio, especialista en asar puercos en púa los domingos, los vendía por libras no tan caro: mi niñez huele a humo de hojas de guayaba por culpa de los cerdos asados de Romilio.

De Cuabitas fueron Pupa –organizador de patios, perfeccionista y de buen humor-, el viejo Emilio Barberán, que se quedó encerrado en un refrigerador durante un día y se volvió loco: consumía su tiempo construyendo canteros de piedra y exigiéndole a los aviones que “le devolvieran su fuquí”…

Vivían Felipa y su hija Zora, a la que sacudieron por años frecuentes ataques de furia, hasta que falleció. Vivió el viejo Miñico, a quien decían Tojosa; Vivió la vieja Anselma, Roberto –gran cantante de rancheras- y Cracráinsigne jugador de dominó que pereció una noche aplastado por una ambulancia.

Y muchos, muchos, muchos, que desde la memoria, la parada de ómnibus o las colas del mercado son también mis personajes y personas.

VER La serie: CUABITAS

---CUABITAS (1) Ni viruta ni astilla
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-i-ni-viruta-ni-astilla.html

---CUABITAS (II) Gente de Cuabitas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-ii-gente-de-cuabitas.html

CUABITAS: (II) Gente de Cuabitas


(“Cuabitas es un barrio de Santiago de Cuba. Un barrio, o un pueblo, no sé…Cuando uno sale de Santiago hacia el Puerto de Boniato, se atraviesa Cuabitas por la mitad…”)


Antonio Desquirón Oliva
(ESPECIAL para La Isla y La Espina)


¿La gente de Cuabitas? ¡Hay tanta! Veinte, veinticinco, treinta mil, no sé. Gente de todas partes.

Según las estadísticas, la población de Cuba está envejeciendo, y la composición de los colores de la piel está entre el mestizo y negro, con una fuerte presencia blanca. Y hay casi tantas mujeres como hombres.

En cuanto a Cuabitas, mi opinión personal no es ésa. Y por supuesto que puedo estar equivocado.

A mi me parece –me parece-, que en mi pueblo hay más jóvenes que viejos, más mujeres que hombres, y muchos más mestizos que negros y blancos (que, claro que también los hay).

Muchos han nacido y crecido aquí, pero sus padres o abuelos vinieron de otros sitios. Durante los ’60 y ’70 hubo una gran migración dentro de Cuba: los de Oriente se fueron a Occidente y los de los campos vinieron a las ciudades. Eso, sin hablar de los que dejaron Cuba.

Cuabitas fue un reparto “residencial”. No de lujo, sino muy cómodo y tranquilo, con patios de frutales y jardines de flores. La mayoría de esos patios se fraccionaron y en ellos se asentaron las familias campesinas, o de otros pueblos que querían “acercarse a Santiago”. Así surgió el Cuabitas de hoy. Sobre lo que quedaba del “de ayer”
ni los libros de historia ni los archivos son muy pródigos en datos sobre Cuabitas.

Yo imagino que básicamente, en lo que a naturaleza se refiere, Cuabitas no debe de haber cambiado mucho. Imagino que algunas personas decididas a vivir sólo de la tierra se refugiaron en ella a fines del siglo XVIII o principios XIX, y a medida que se desarrollaron el ferrocarril de Sabanilla-Maroto y el Camino de Dos Bocas y San Luis de las Enramadas, vinieron más. Se asentaron, hicieron fincas (Nuestra Señora de las Cuabitas, Nuestra Señora de Las Cuabas, La Gloria, el Infierno y El Purgatorio son nombres de fincas).

De hecho encontré en el Archivo Histórico provincial un documento de principios del siglo XIX donde un eclesiástico declara que sus posesiones son un pedazo de tierra que colinda por el Este con el Camino Real de San Luis y por el Sur con el Río Purgatorio, y dos esclavos. Luego, encontré una fotografía de junio de 1895, al día siguiente de un ataque mambí, donde aparece una casa totalmente en cenizas: las construcciones de madera y los fuegos accidentales o no son muy típicos de Cuabitas, pero la foto muestra un horizonte bajo que más parece el que se ve desde el norte de la ciudad, que el de Cuabitas, y deseché la imagen.

Luego, existe un texto de julio de 1898, del sargento norteamericano John J. Turner, voluntario participante en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana, donde se cuenta la toma de Cuabitas y cómo los santiagueros habían emigrado a ella, Boniato, El Caney, temiendo el bombardeo de la ciudad. Cuando habla de relámpagos, lluvia, fango, cambalaches a base de boniatos, malanga, carne y pan, me di cuanta de que estaba donde mismo yo vivo: en Cuabitas.

La gente de la Cuabitas de hoy son “de trabajo”, sin grandes niveles de vida, ni demasiada cultura, pero luchadoras, fuertes, con virtudes y defectos, pero sumamente amantes del la vida –lo cual me parece irremediable, rodeadas de una naturaleza tan exuberante y verde como la nuestra.

Es como una magia. Fresco, paz, animales, árboles, flores, frutas. Cuerpos…

En fin, que quien vive dos años aquí, no se va, y si lo hace, le duele.

VER La serie: CUABITAS

---CUABITAS (1) Ni viruta ni astilla
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuabitas-i-ni-viruta-ni-astilla.html

sábado, 9 de agosto de 2008

CUABITAS (I) ni viruta ni astilla


Antonio Desquirón Oliva

(EXCLUSIVO para La isla y la espina)


Cuabitas es un barrio de Santiago de Cuba. Un barrio, o un pueblo, no sé. En francés se diría una banlieue. Actualmente es, oficialmente, un poblado. Queda al norte de la ciudad, a unos 6 km. Cuando uno sale de Santiago hacia el Puerto de Boniato, se atraviesa Cuabitas por la mitad. O hacia La Habana, por la Autopista. Ahí no atraviesa nada, sino que pasa por un costado, aunque queda muy cerca y se ve claro...

Hace unos años fui a una exposición sobre el desarrollo de Santiago de Cuba hasta el año dos mil veinte. Había docenas de mapas. Pero Cuabitas no aparecía por ninguna parte. Como si no existiera: Es que para unos, no pertenece a Santiago; para otros, sí

Luego pensé que, de cierto modo, es verdad. Urbana o rural, o ambas cosas a un tiempo, lo cierto es que en Cuabitas siempre hay dos o tres grados menos de temperatura que en la ciudad. Ese ahogo tan típico de Santiago, allí no existe. En verano hay calor, por supuesto. Pero ahogo no. Ni ese frío que pela de las cumbres. Cuabitas es suave.

Por ella pasan dos ríos que confluyen como a 500 metros de mi casa. Uno, mucho más cerca del mar será llamado San Juan, aunque aquí se le conoce como La Cutara (los ríos, como las calles de las grandes ciudades, cambian de nombre de tramo en tramo); el otro se llama Purgatorio. La Cutara, proviene del nordeste, de las lomas. El Purgatorio proviene de la Represa de Chalons.

También pasaba la línea férrea que conectaba a Santiago de Cuba con La Habana. Tenía más de un siglo y fue el trazado del legendario ferrocarril de Sabanilla-Maroto, uno de los primeros en esta parte de Cuba. Hablo en pasado porque ya no existe: cuando hicieron el nuevo, no se contentaron con desviar hacia allá el paso de los trenes, sino que arrancaron los rieles y los durmientes: el balasto hoy se vende en el mercado negro para la construcción. Fue una pena destruir algo que costó tanto trabajo hacer. Casi toda la vida económica, casi todos los personajes de la historia, casi todos los hizo a los santiagueros tal como somos, subió y bajó por él. Pero un día lo borraron.

También pasa una carretera que lleva a El Cristo, Alto Songo, La Maya y Guantánamo. Es decir, esa carretera se bifurca al llegar al pueblo de Boniato: una rama lleva a Guantánamo y la otra hasta San Luis pasando por el Puerto de Boniato. Es un trazado viejo, de finales del siglo XVIII o principios del XIX, quien sabe si anterior: la entrada y la salida de Santiago por el Norte, se hacía por ahí. O sea, que antes de ser carretera, fue camino.

A las plantaciones del Este y a las del Valle del Cauto, a todas se llegaba por esta misma carretera por donde hoy pasan las motocicletas, los camiones, las camionetas, los caballos, las carretas, los carritos que cobran cinco pesos, los que cobran tres, las guaguas de escolares, las de pasaje, las de médicos y las de cualquier cosa, los autos personales de verdad y los que lo son menos, una enorme variedad de transportes de una enorme variedad de empresas y entidades. La carretera nuestra de cada día.