miércoles, 6 de agosto de 2008

Beijing 2008: EL UTÓPICO ATLETISMO OLÍMPICO ESPAÑOL


(El marchista "Paquillo" Fernández la gran esperanza española en el deporte rey)

Por Julio Fontan
(EXCLUSIVO desde Valencia)


Cada cuatro años se derraman ríos de tinta con los mejores deseos, los mejores augurios, las mejores esperanzas...

Cada cuatro años se habla de la mejor Selección Española desde aquella mítica cita de Barcelona ´92...

Cada cuatro años se repite una realidad, en ocasiones más real que teórica cuando llega el triste momento del relevo de la llama, o lo que es lo mismo, el frío balance estadístico de unos Juegos Olímpicos...

España afronta los JJ.OO. de Pekín en busca del soñado y mítico “dorado”.

Nadie puede poner en tela de juicio el trabajo realizado por los 54 convocados.
Nadie puede negar su esfuerzo, su tesón diario, su merecimiento para representar a su país en tan insigne cita… pero cuando las previsiones más halagüeñas, como son siempre las del presidente de la Federación Española de atletismo, José María Odriozola, hablan de "entre ocho y diez posibilidades muy serias de medalla”, me dan ganas de llorar.

La vieja España es hoy en día un referente mundial en deportes como el fútbol, baloncesto, tenis, automovilismo, o motociclismo, pero cuando hablamos del verdadero deporte rey, con respeto de los anteriormente citados, la cosa cambia. De los 54 convocados los siguientes serán a priori el buque insignia de “la roja” en el continente asiático.

Paquillo Fernández, abanderado español en los 20 km marcha mostró su estado de forma en el pasado Campeonato de España absoluto celebrado en Santa Cruz de Tenerife.

Con un tiempo de 37:53.09 en los 10.000 metros marcha, Fernández establecía la mejor marca mundial de todos los tiempos y abría la puerta a la esperanza, y a revalidar como mínimo, su plata en Atenas 2004.

El discóbolo Mario Pestano también despuntó en Tenerife, su 69,50 suponían no sólo un récord de España sino la tercera mejor marca mundial del año, sólo superada por el estonio Gerd Kanter (71,88) y el lituano Virgilijus Alekna (71,25). Su participación olímpica se limita al 2004 donde su mejor lanzamiento alcanzaría los (61.69).

En los 100 metros vallas la nueva perla de Rafael Blanquer debutará en la cita olímpica. Josephine Onyia a explotado como digna sucesora de Glory Alozie.

Sus 12,50 en la Golden de Berlín sobre la sueca Kallur y la norteamericana Lolo Jones, avalan la esperanza de olvidar la aparatosa caída de Valencia 2008 y que le privó de un seguro metal en el mundial de pista cubierta.

Los 1.500 siempre han sido la válvula de escape del atletismo español en grandes campeonatos, pero olímpicamente hablando los Casado, Higuero y Esteve tiene ante si un nuevo reto, quizá la asignatura pendiente de su merecido palmarés, un metal olímpico.

Ruth Beitia (altura), Marta Domínguez (3.000 con obstáculos), Dolores Checa (5.000), Carlota Castrejana (triple) o Concha Montaner (longitud) son algunas de esas atletas que por su lugar entre las primeras del ránking mundial se encuentran en las quinielas.

Beitia será quizás una de las más claras apuestas. Su 2,01 en Tenerife demuestran su estado de forma.

De Domínguez será esta su tercera participación olímpica, cada una de ellas en diferentes disciplinas, y quizás esta podría ser su apuesta definitiva.

El caso de Dolores Checa es uno de los que más ilusión aporta, su inmejorable estado de forma con su 14:55.71 en Oslo, o los 8.37.78 de los 3.000 de Mónaco, la hacen merecedora de un profundo respeto ante sus rivales.

Castrejana está en forma para su tercera cita olímpica, cuarta si contamos su participación como Ala-Pivot en la selección española de baloncesto que obtuviera la 5ª plaza en Barcelona'92.

Concha Montaner será nuevamente una incógnita, 6.89 hace menos de un mes, 3 nulos en Sydney 2000 y la seguridad según ella de alcanzar los 7 metros en Pekín.

Entre ellos se encontrarán a priori, la esperanza española del soñado metal. Sobre ellos recae también la responsabilidad de sacar de una vez por todas, el ostracismo atlético en el que duerme la vieja España.

Injusta misión para unos atletas que se merecen el mayor de los oros en reconocimiento a su trabajo diario, a pesar de vivir en un país donde el atletismo sigue siendo eso que sale por la televisión cada cuatro años; cuyas ayudas económicas son míseras, o donde la política educativa relega la educación física de los más pequeños a unas anecdóticas dos horas semanales.

Si después de todo esto, y tras el relevo de la llama se alcanzara la cifra de 5 metales, una más que la idolatrada Barcelona ´92, quedaríamos satisfechos… pero esto no dejaría de ser un mísero balance.